Lo sucedido ayer en la conferencia de presidentes autonómicos, donde se ha puesto de manifiesto una vez más el desencuentro entre el Gobierno de España y los gobiernos autonómicos gobernados por el PP, me ha hecho reflexionar sobre una cuestión transcendental sobre la que debiera pararse a pensar parte importante de la clase política actual: En política se ha de saber discernir sobre dónde está el margen de defensa de una posición política, bien responda exclusivamente a una posición de partido o fundamentada en valores o intereses, y donde se ha de empezar al conformar el acuerdo sobre cuestiones prioritarias que necesitan de un entendimiento generalizado.
Dicho esto, permitidme trasladaros una opinión previa sobre mis preferencias con los sistemas de partidos en una democracia, antes de entrar a valorar, desde una profunda frustración y decepción, el resultado de esa conferencia.
Desde hace tiempo, y esto lo saben bien muchos de mis compañeros de partido en Burgos, he defendido los sistemas bipartidistas a los multipartidistas. Esta defensa está fundamentada en la teoría de que una democracia estable exige una tensión relativamente moderada entre las fuerzas políticas contendientes.
Voy a referirme casi textualmente a la argumentación que hace Martin Seymour Lipset, sociólogo y político norteamericano, en uno de sus textos sobre sistemas de gobierno y democracia respecto a las posibilidades que ofrecen los sistemas bipartidistas, partiendo de que los representantes políticos de estos partidos supieran aprovecharlas:
'El argumento a favor del sistema bipartidista se apoya en los supuestos de que, en una sociedad compleja, esos partidos tienen que ser forzosamente coaliciones amplias; que no pretenden servir sólo a los intereses de un grupo importantes; que no pueden ser partidos de integración; y que al formar coaliciones electorales, se exponen inevitablemente a perder apoyo entre los que le son más leales y, por el contrario, han de intentar obtener apoyos entre los grupos próximos al partido de la oposición (...) En cambió el multipartidismo sirve para que se acentúen diferencias y disminuya el consenso por lo que aquellos sistemas electorales que posibilitan que haya muchos partidos con representación presta un falco servicio al consenso y estabilidad parlamentaria (...)'
Además, como indicó George Simmel, es preferible el sistema de elección de miembros del parlamento a través de circunscripciones electorales territoriales, que los sistemas que fomentan la representación directa de grupo (como la representación puramente proporcional), pues la representación a través de circunscripciones territoriales ayuda a estabilizar los sistemas de partidos, forzando a los grupos de interés sólo dentro de un marco electoral que obliga a tener en cuenta, en alguna medida, intereses diversos, y además fuerza el pacto y al compromiso.'
Es evidente que Lipset hace una valoración de sistemas bipartidistas como el norteamericano y que aunque nuestro sistema español es formalmente parlamentario, en la práctica y a lo largo de más de 30 años de democracia en este país, lo hemos transformado en cuasi-presidencialista.
Partiendo de que sobre esta teoría un sistema con dos partidos mayoritarios como PP y PSOE debieran encontrar mayores posibilidades para el entendimiento, al menos en cuestiones trascendentales como la puesta en marcha de políticas comunes en cada uno de los territorios del estado donde cada uno de estos dos partidos gobierna y en el estado en su conjunto para paliar los efectos de una crisis económica internacional, con factores endémicos propios de este país, nos encontramos ante una sistemática incapacidad de consenso.
Y esto, a mi entender, se debe principalmente a que se está produciendo una clara sustitución de la representatividad que ejercen los partidos políticos de los valores, principios e intereses de los ciudadanos de cada uno de los territorios por una partitocracia exacerbada, donde prima la posición de partido, en muchos casos contraria a la resolución de un conflicto.
Lo sucedido ayer es solo un ejemplo más de cómo teniendo como creo un sistema político que tiende a simplificar y favorecer la resolución de conflictos, aglutinado en amplios partidos de representación política la voluntad popular, éstos partidos se muestran incapaces de corresponder a dicha voluntad.
No obstante no estoy diciendo que en el caso que nos atañe, ambos partidos, PP y PSOE, tengan la misma carga de responsabilidad. Es probable que se le pueda reprochar al gobierno no haber presentado con mayor acierto y rigor algunas de las propuestas que llevó a la mesa de debate de esta conferencia de presidentes autonómicos. Lo que es totalmente reprochable es la actitud beligerante e irresponsable de muchos de los gobiernos autonómicos gobernados por el Partido Popular los cuales, al margen de que el Gobierno hubiera aceptado el 70, el 80 o el 90% de sus propuestas, todo apunta a que tenían tomada la decisión de hacer imposible cualquier tipo de acuerdo.
Yo también creo que un sistema bipartidista da una estabilidad que uno multipartidista no puede otorgar, máxime en un país como España, plagado de diferencias culturales (unas reales, otras inventadas) y con una Democracia relativamente moderna.
Pero sí es cierto que, por norma general, en vez de buscar el consenso y la resolución de conflictos, ambos partidos buscan el desgaste del contrario, adoptando una posición contraria (a veces basada en matices absurdos) y rigiéndose por la disciplina de partido. Eso, que ocurre en los 2 grandes partidos, es lo que dificulta que la política sea vista como un arma en favor de la sociedad. Y no sólo a nivel nacional (este caso no lo valoro porque apenas lo conozco) pero también a nivel local, donde habrás visto cómo se vota en contra de enmiendas por meras sutilezas, siempre encaminadas a recibir la aprobación de las direcciones regional o nacional. Y repito, ambos partidos son partícipes de ello.
No obstante me quedo con el mejor ejemplo de entendimiento político entre PP y PSOE de los últimos tiempos: el pacto en el País Vasco para llevar a Ajuriaenea a los partidos constitucionalistas por primera vez en la historia. Ése debería ser el modelo a seguir en temas trascendentales.
Estamos en un callejón sin salida. El Estado de las Autonomías ha resultado un fiasco. El tiempo no es un mal juez y ya nos está dictando que, este asunto, convendría revisarlo. Hay reconversiones, que por dramáticas que sean, se hacen muy necesarias. No hay impulsos eficaces si no se dan pasos atrás.
¡Ah!, el bipartidismo no sería tan nefasto si hubieran listas abiertas, ¡pero ya!. Ruego, por favor, que alguien me explique dónde está el problema.
Yo también soy partidario del bipartidismo y de las listas abiertas. En su defecto el sistema actual PERO CON SEGUNDAS VUELTAS tampoco estaría mal. Parece claro que el actual sistema tal como está DISEÑADO es muy imperfecto. Para su modiificación (Y AQUI VIENE EL PROBLEMA) sería necesario: 1- que los partidos se pusieran de acuerdo (totalmente improbable) 2- Que los minoritarios y en especial los naconalistas LO TOLERARAN (está más que claro que NO) 3- Cualquiera de los 2 grandes partidos NECESITA para gobernar de los nacionalistas (luego volvemos al punto 1) 4- CONCLUYENDO: estamos en manos de los nacionalistas que cada día son más y con mayor influencia ¿quién es el majo que presenta una modificación de la Constitución rebajando el poder de las Autonomías, dejando en poder del ESTADO asuntos tales como la EDUCACION, LA DEFENSA, LA JUSTICIA Y LA SANIDAD?
Para Ramón Lozano,
Estoy de acuerdo.
Para Reyes,
El problema no son las autonomías, son los gobiernos autonómicos, los cuales no priorizan del mismo modo los distintos servicios públicos. El debate está en plantear o no un mayor control por parte del Estado o revertir alguna competencia.
Un saludo
Para varon,
El punto 3 al que te refieres se resuelve con los dos primeros. En el momento en que se destierre a los partidos nacionalistas del Congreso y se les limite a la cámara terriorial, no habría posibilidad de influencia, al menos no tan relevante (a no ser que se presentaran al congreso con el subterfugio de una coalición para toda España como hacen en las europeas).
Seguimos presos del compromiso constitucional... y de la oposición de algunos que lo único que pretenden no es el bien común... sino llegar al poder... donde no lo están...
Reminiscencias del pasado...
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