Si como yo, tenéis costumbre de ir regularmente al cine habréis podido comprobar que en los últimos años este espectáculo no atraviesa su mejor momento. No solo por el cierre de no pocas salas o por el descenso de espectadores (seguramente provocado por cada vez mayor descarga de películas a través de internet y al precio de las entradas, sobre todo ahora que las economías domésticas no están para tirar cohetes).
Pero al margen de todo esto existe desde mi punto de vista un motivo fundamental: la falta de originalidad de las películas de hoy en día. Hace mucho que no me sorprende ninguna superproducción y os aseguro que tengo costumbre de verlas casi todas. Al margen del cine independiente, la industria de Hollywood ha entrado en una dinámica marcada por la recuperación de antiguas franquicias, la adaptación de best seller, cómics y series de televisión y la producción de remakes.
Desde que vi "Matrix" hace ya diez años no creo recordar ninguna otra superproducción que me haya resultado realmente atractiva a excepción de alguna saga reinventada como Batman. X- Men y luego Lobezno, Indiana Jones 4, Rocky 6, Transformes 1 y 2, Terminator 4, Rambo IV (y dicen que habrá una quinta), Hulk por dos veces, El Código Da Vinci, Harry Potter 6, Spiderman no se cuantos, SWAT, Starsky & Hutch...
Creo sinceramente que los guionistas y productores de Hollywood están realmente atascados y eso está perjudicando a la industria en su conjunto. Las pocas películas interesantes que se han estrenado en los últimos años han sido recogidas bien por público y crítica (un buen ejemplo es "Gran Torino"), aún con el desapego que existe a las salas de cine por las nuevas generaciones.
Esto demuestra que un buen guión y una buena historia son imprescindibles para recuperar al público, sobre todo una historia original y atrevida que seguramente también atraiga a los más jóvenes.
Curiosamente no ocurre lo mismo con las series de televisión producidas en los EEUU. Es posible que estén atravesando su mejor época. Series muy originales, con gran ritmo y guiones inteligentes han llegado a enganchar a millones de espectadores en todo el mundo. "Perdidos" es seguramente el máximo exponente pero otras como "House", "Héroes", "Los Tudor", "Prision Break", "Life", "Roma", "Dexter" o "24" han recuperado y superado cotas de pantalla de series de los 90 como "Friends" o "Urgencias".
Es probable que Hollywood se esté dando cuenta de esto y empiece a trasladar a sus estudios la misma política de las distintas cadenas de televisión. Muchos son los directores y guionistas con futuro que está desarrollando su trabajo en estas series y que seguramente podrían ofrecernos buenos productos cinematográficos.
Solo espero poder volver a disfrutar en el cine como lo hace unos cuantos años, donde a parte de ir a ver bunas interpretaciones e historias conmovedoras, también lograba divertirme y entusiasmarme con alguna que otra superproducción.
Ayer estuve en el cine viendo una película alemana basada en un libro de un profesor norteamericano de secundaria llamada "La Ola". Trata sobre un grupo de alumnos que se apuntan a una clase extraordinaria de ciencias políticas para estudiar las formas de estado y de gobierno autoritarias y totalitarias.
Sin ninguna pretensión de desvelaros nada mínimamente relevante deciros simplemente que la película trata de explicar como tan solo con un ejercicio pedagógico con los alumnos, el profesor logra que los propios alumnos experimenten por sí mismos la transformación política de una sociedad insegura de sí misma que ante una serie de circunstancias críticas desde el punto de vista económico y social confían en un líder y se identifican con la unidad y la fuerza. Quiero aprovechar este blog para recomendárosla y animaros para que durante estas fechas estivales acudáis al cine a verla.
¿Es posible que en los estados de la UE o en EEUU puedan resurgir en el siglo XXI los regímenes fascistas? ¿Está la sociedad actual suficientemente convencida de que el sistema democrático está consolidado? ¿De verdad es posible que confluyan las circunstancias necesarias en un país a través del miedo, la desconfianza, la inseguridad, etc. que provoquen el resurgimiento de la autocracia? ¿Puede suponer esta crisis internacional un momento propicio para que estas circunstancias confluyan?
Soy un gran aficionado al cine. Desde niño mis padres me transmitieron el mismo vicio que tienen ellos. Rara es la semana que no voy a ver alguna película a algunas de las salas de Burgos. A veces incluso cuando viajo a otras ciudades me animo a ver alguna película. Lo hice la última vez que estuve en París, donde pasé 4 días y un día me fui a ver una película. Algunos es que no tenemos remedio.
No obstante no me considero un entendido. Si soy cinéfilo es por el disfrute que me produce desconectar un par de horas e involucrarme en una historia. Después de más de 20 años viendo películas he comprobado que el cine ha conseguido (como el resto de las artes) adaptarse a los gustos de cada uno de nosotros. En mi caso siempre he diferenciado dos tipos de películas: aquellas con las que me divierto y entretengo y aquellas con las que disfruto de la calidad cinematográfica que transmiten. Al margen de estas dos distinciones están las que no me transmiten ninguna de las dos sensaciones y aquellas que lo consiguen, sin lugar a dudas estas últimas son las que más valoro.
Como muchos otros niños de mi generación yo crecí con películas procedentes en su mayoría de hollywood y con actores que en ese momento estaban en la cumbre del star system: Harrison Ford, Bruce Willis, Sylverter Stallone, Mel Gibson ... ¿Quién no se quedó sorprendido con las primeras películas de acción o aventutas que vio en su infancia? La jungla de cristal, Rambo, Arma letal, Indiana Jones, La guerra de las Galaxias ...
Seguro que muchos de vosotros que compartís años conmigo recordaréis con cariño filmes como Los Goonies, Regreso al Futuro o Willow. Que ilusión provocaba ir a ver una película de estas...
Pero uno va creciendo y comienza a apreciar otro tipo de cine. Me empezó a interesar el cine español y europeo en mi adolescencia. Las culpables principales fueron El oso de Annaut y Cinema Paradiso de Tornatore. Pero sin lugar a dudas fue la década de los noventa donde descubrí las películas que recuerdo con mayor emoción: La Lista de Schindler, Forrets Gump, Bailando con Lobos, El dilema, Heat, Braveheart, Pulp Fiction, Cadena Perpetua, La vida es bella, Algunos hombres buenos...
Tom Hanks, Russel Crowe, Al Pacino, Ralph Fiennes ... fueron actors con los quería sentirme representado. Y también fue la época donde empece a valorar el trabajo de las actrices, directores, guionistas, etc. (es comprensible que de niño no exista nadie más al margen de tus héroes).
Bueno, simplemente esto es una reflexión que tenía ganas de transmitiros. Otro día podemos concretar un poco sobre algún actor / actriz o sobre algún género o película.
¿Dében entrar al trapo los medios de comunicación cuando los gobiernos y partidos políticos les animan a que den cobertura a sus estrategias? ¿Dónde empieza y termina la obligación de los medios de comunicación respecto al seguimiento que hacen con los partidos políticos? ¿Se ha convertido en absolutos cómplices de éstos?
Estas son algunas de las incógnitas abiertas durante la conversación mantenida entre Meryl Street y Tom Cruise en la película de Robert Redford "Leones por corderos". Street interpreta a una periodista veterana de un periódico que es invitada por un senador republicano (Cruise) para que le cubra en una entrevista exclusiva respecto a un cambio de estrategia militar de la administración Bush en oriente medio.
En el diálogo mantenido entre la periodista y político se pone de manifiesto la utilización partidista de los medios de comunicación y en tela de juicio la ética periodística. Yo denominaría la propuesta del senador como "una proposición indecente" aprovechando la necesidad del periódico de sacar en primicia una noticia filtrada en beneficio ya no de una administración sino del propio senador en su propósito de llegar a la Casa Blanca.
No menos interesante es el debate mantenido entre un profesor de Ciencias Políticas (Robert Redford) y un estudiante universitario en relación a la implicación política de los jóvenes y concretamente al aprovechamiento de nuevos talentos al servicio de la sociedad. El joven universitario representa a no pocos jóvenes con talento que debido a un sistema social donde prima el individualismo decide como muchos otros en destinar todo su potencial a procurarse una buena vida, ganar dinero y disfrutar. En cambio Redford, que ha visto en él unas cualidades inusuales para el debate, la reflexión, la búsqueda de soluciones a distintos conflictos sociales y la toma de decisiones, no se resigna cuando detecta una apatía manifiesta por el chaval al desvincularse de la participación activa socialmente. El profesor cree no solo en la libertad y el derecho de que cualquier ciudadano puede involucrarse políticamente sino en la necesidad y el deber moral que tienen algunos, los mejores, de participar activamente en política en beneficio de todos.
En España, la generación de jóvenes nacidos en democracia tenemos la suerte de haber disfrutado de una educación y formación que nos permite tener criterio y conocimiento sobre muchas cuestiones que nuestros padres ni se planteaban. Curiosamente esta generación, destina mayoritariamente sus recursos adquiridos en la búsqueda de una estabilidad social y económica sin plantearse siquiera la necesidad de aportar parte de su talento en asuntos sociales a través de su participación en asociaciones, organizaciones políticas, estudiantiles, culturales, vecinales, de ayuda al desarrollo, etc.
Un dato, en 2005 solo un 2% de los jóvenes entre 18 y 30 años estaban vinculados a alguna asociación de este tipo en la provincia de Burgos. Tal vez el panorama que desde las instituciones y las organizaciones y partidos políticos estamos configurando no resulte lo mínimamente atractivo como para que muchos más jóvenes se animen a participar. Estoy convencido que mucha culpa lo tenemos nosotros, los políticos. No obstante defiendo efusivamente la actividad política como una opción digna y honorable que bien asumida aporta no solo satisfacciones personales sino además actúa directamente en el mejoramiento social del conjunto de seres humanos. Es indudable que hay muchos vicios alrededor de los partidos políticos en particular y de los sistemas políticos en general. Pero es la suma de todos la que puede cambiar esta situación en aquellos asuntos que así lo demanden. Mi pregunta es, ¿no merece la pena intentarlo?
Estaba espectante por ver como se trasladaba al cine uno de los episodios más trágicos de la historia de mi organización, las Juventudes Socialistas. Un episodio más de los muchos que hubo durante la Guerra Civil y la posguerra. Trece jóvenes españolas en mayor o menor medida cercanas a la posciones políticas progresistas y republicanas, fueron arrestadas y ejecutadas por el régimen franquista una vez terminada la guerra. Muchos de mis compañeros y yo quedamos la noche del pasado martes par ver "Las 13 rosas" y fué al llegar a mi casa, una vez vista la película, cuando me decidí a escribir estas líneas.
Lo hago no con el propósito de animar a los lectores de este diario a ir a verla sino porque entiendo que estamos en un momento muy apropiado para reivindicar el derecho de aquellos que necesitan recuperar para sí una parte importante de su pasado. Todos ustedes conocen la tramiación de la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica que se está efectuando en estos días en las Cortes Generales. No voy a entrar a valorar si es más o menos apropiada o lo que puede significar para cada uno de ustedes, sino lo que desde mi opinión representa.
Uno de los deseos formulados por la mayoría de esas trece jóvenes, muchas de ellas militantes en 1939 de las Juventudes Socialistas, justo antes de ser asesinadas, era que su historia fuera recordada. Seguro que muchas otras víctimas de la Guerra Civil, independientemente de sus creencias y valores, de uno y otro bando, también pidieron a sus seres más queridos que no les olvidaran. La sociedad española consiguió aprender a perdonar, durante cuarenta años para muchos forzadamente y en los últimos treinta por suerte, todos pudimos hacerlo libremente. Pero es esta libertad la que tiene que permitir a aquellos que han estado esperando tanto tiempo, poder reconciliarse con el pasado, poder cerrar heridas. Algunos políticos y analistas han dicho que no hay vencedores ni vencidos, que no hay que remover el pasado. Por desgracia durante cuarenta años si que les hubo. Esto es lo que representa para mí la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica, la necesidad que tenemos todos de hacer justicia para los que no la tuvieron, de responder a miles de prenguntas nunca contestadas y de aprender de nuestros errores para que nunca más haya ni vencedores ni vencidos.
Blanca, Julia, Virtudes, Carmen ... todas y cada de las 13 rosas y todas y cada una de las víctimas de la guerra tienen derecho a ser recordadas. Todos nosotros podemos hacer cumplir su deseo.
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