¿Se ha desentendido la democracia liberal del contenido ético y filosófico que debiera guiarla? ¿Cómo podemos devolver la dimensión ética al corazón de lo político?
Estas cuestiones resumen el planteamiento que hace Chantal Mouffe, politóloga belga, en su análisis de la democracia liberal pluralista como forma de gobierno. Análisis que podemos encontrar en el capítulo dedicado al pluralismo y la democracia de su obra "El retorno de lo político" (1999).
Actualmente las democracias occidentales tienen ante sí el difícil reto de abordar satisfactoriamente problemas políticos y sociales como el resurgimiento de la extrema derecha, el fundamentalismo o la marginación que sufren varios sectores sociales. Nuevos conflictos derivados de la integración de inmigrantes en sociedades poliétnicas así como los trastornos ocasionados por la globalización son solo algunos ejemplos.
Tal y como señala Mouffe, la democracia requiere de aquellos valores que constituyen sus principios políticos para poder afrontar estos retos con ciertas garantías.
La lectura de Mouffe sobre el pluralismo democrático y sus riesgos, nos ofrece una oportunidad para la reflexión sobre el progresivo abandono de los valores y principios democráticos que se está produciendo en las sociedades democráticas en nuestros días.
En mi opinión, el problema no está tanto en la integración política de los valores y posicionamientos tanto de individuos como de colectivos, sino en garantizar una representatividad efectiva a través de los procedimentos democráticos. Es prioritario consolidar las instuituciones no solo meros instrumentos para la toma de decisiones, sino para la toma de acuerdos en base al debate político.
A principios del siglo pasado, algunos autores señalaban que más que discusión política nos encontramos en una permanente discusión partidista. En nuestros días yo iría más allá, ya que desde mi punto de vista lo que se está produciendo es una sustitución de la democracia por la partitocracia.
La democracia pierde su sentido desde el momento en que el sistema prioriza sus propios instrumentos al ejercicio mismo de la política como herramienta de regulación de conflictos.
Tenemos que ser capaces de articular los inputs y outputs del proceso político de tal forma que la representatividad sea efectiva. Los individuos, como ciudadanos de una sociedad deben encontrar en sus instituciones públicas (parlamento, partidos políticos, gobierno...) el marco de entendimiento necesario para canalizar sus demandas y plantear soluciones.
Si sólo reforzamos la democracia como forma política desprovista de un fondo ético, estaremos fomentando no solo un mayor distanciamiento respecto a los principios intrínsecos en la propia democracia sino un aislamiento respecto a los valores que integran la pluralidad política de una sociedad multicultural, de cada uno de los grupos y colectivos sociales que la integran, de todos y cada uno de los ciudadanos que la sustentan.
George Lakoff, reconocido lingüista norteamericano publicó un libro en 2004 con ocasión de las elecciones de ese año en EEUU. Su título, "No pienses en un elefante", simplifica con un breve ejemplo la importancia del inconsciente cognitivo en la configuración de marcos como estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. Este libro, ha supuesto una importante herramienta para los demócratas en el diseño de su estrategia electoral en 2008 y en los últimos años ha logrado convertirse en un best seller en los Estados Unidos.
El día que George Bush fue reelegido presidente, las encuestas a pie de urna revelaron lo que el libro predecía: que los valores morales eran más importantes que todas las demás cuestiones: más importantes que el terrorismo, que la guerra, que la economía, que la sanidad o que la educación. En aquellas elecciones los progresistas se unieron en torno al partido demócrata y lo hicieron por lo que les dijo Bush que era inmoral, por sus propios valores progresistas,pero no fue suficiente. Los conservadores habían realizado un gran trabajo con anterioridad: habían convencido antes que vencido.
Lo que nos une a los progresistas en todo el mundo son nuestros valores y como dice Lakoff, tenemos que aprender a expresarlos con firmeza y claridad. Ese es lo que Barack Obama consiguió cuatro años más tarde. Ofreció una alternativa moral más tradicionalmente americana que representa todo aquello de lo que los americanos están orgullosos, pero lo hizo en torno a los valores más progresistas, aperturistas y sociales.
"Cambiar de marco" es cambiar el modo de ver el mundo. Esta técnica política para conseguir cambiar la percepción que tiene la gente de las cosas, es fundamental. Conocemos los marcos de referencia a través del lenguaje. Cuando oímos una palabra, inconscientemente activamos en nuestro cerebro su marco. Cambiar lo que nos viene a la cabeza sobre esa palabra es como cambiar el sentido común. Y tanto Bush primero como luego Obama, lo consiguieron.
Soy consciente de que este libro está dirigido a profesionales de la política o a verdaderos frikis, pero la explicación que Lakoff hace de los recursos que permiten definir las realidades públicas desde la afirmación de los conceptos y los valores, es extraordinaria.
Todo ello desde el prisma de las ciencias sociales pero argumentando con ejemplos donde podemos evidenciar un cambio en el pensamiento social y político americano en tan solo cuatro años, un cambio basado no solo en saber qué es lo se necesita para cambiar las cosas sino cómo cambiarlas.
Es ejemplarizante y trasladable en mayor o menor medida a los sistemas políticos europeos, la percepción marco que los americanos tienen del estado o del gobierno dependiendo de sus valores morales. Los neoconservadores y tradicionalistas esperan que se les garantice un ejercicio del poder basado en el "modelo del padre estricto" y en cambio los progresistas y liberales en el "modelo padre protector".
Un votante ultra conservador republicano espera que en un mundo como éste, su gobierno pueda proteger a su familia, sostenerla y seguir manteniendo la moral cristiana basada en la diferencia de lo que está bien y lo que está mal.
Un votante progresista en EEUU espera que sus hijos se realicen en la vida por si mismos, por lo tanto tratan la libertad como un valor, pero también suponen para él valores importantes las oportunidades, la prosperidad y sobre todo la comunidad, la nación como estado protector, donde todo americano tiene los mismos derechos y oportunidades.
A diferencia de Europa, en EEUU a principios de los años 80, los conservadores crearon varias instituciones y escuelas de pensamiento político neoconservador (el Instituto Olin, la Fundación Heritage y otros "think tanks" conservadores) que provocaron una mayoría social conservadora en toda una generación de escritores, periodistas, profesores, etc. Los conservadores crearon oportunidades mediáticas para ellos.
También en 2002 los "neocon" se gastaron 4 veces más en investigación sociológica que los progresistas y liberales y ocuparon cuatro veces más tiempo en los medios de comunicación. Era una prioridad reforzar los marcos sociales tradicionales de los votantes republicanos: la amenaza de un nuevo ataque a la nación, la obligación de endurecer nuestra respuesta militar para disuadir, la necesidad de endurecer y estrechas el marco de derechos y libertades civiles... y los ciudadanos acababan adaptando sus propios marcos a ese lenguaje, acababan asumiéndolos como propios.
Lakoff llega a la conclusión de que en el mundo progresista no ocurre lo mismo, porque hay mucha gente que piensa que lo bueno es lo que uno hace. Eso es una autoderrota. Existen muchos mitos entre los liberales y progresistas americanos y los socialdemócratas europeos. Estos mitos, como toda la base del sistema y pensamiento político occidental, parten de la Ilustración (yo soy el primero que cree en ellos, ya que la Ilustración es el punto de partida de los conceptos más esenciales de lo que creo que debe definir el ejercicio político y la labor institucional).
El primero de ellos dice: "la verdad nos hará libres, si a la gente se le cuentan unos hechos, como la gente es racional, todos sacarán conclusiones acertadas".
Para Lakoff, gracias a la ciencia cognitiva, sabemos que la gente no piensa de esa manera. La gente piensa mediante marcos. Los marcos del padre estricto y del padre protector fuerzan, cada uno por un lado, una cierta lógica. La verdad, para ser aceptada, tiene que encajar en los marcos de la gente. Si los hechos no encajan en un determinado marco, el marco se mantiene y los hechos rebotan.
Obama lo sabía. No había que explicar lo que bien o mal que lo estaba haciendo Bush, había que cambiar la manera que durante ocho años, los americanos tenían de ver las cosas. No existe mejor técnica política que ésta, ni técnica más difícil. Si os interesa cómo logró Bush reforzar su liderazgo en 2004 después de cuatro años como presidente y dos guerras, en este libro, desde un análisis científico social, podréis averiguarlo.
Los tópicos están a la orden del día, igual que las excepciones. De todos modos, sea en el ámbito que sea, siempre existen diferencias aunque en ocasiones éstas sean inapreciables. Hoy no voy a hablaros de política, así que no penséis que con esta introducción mi intención era excusar el comportamiento de la clase política en general con la de algunos políticos en particular. Hoy quería compartir con vosotros la sensación que me ha quedado después de leer dos libros de gran popularidad cuyas primeras partes reconozco que me apasionaron.
Y no es que las segundas partes de dichos libros no me hayan gustado, lo que ocurre es que esperaba algo distinto. Los libros de los que hablo son "El Juego del Ángel" de Carlos Ruiz Zafón y "Un Mundo sin Fin" de Ken Follet. Lo primero hay que aclarar que en ambos casos no se trata de segundas partes como tal sino de dos historias que vuelven a mostrarnos la misma novela con una historia diferente pero ambientada en el mismo entorno, con personajes muy semejantes, con una trama parecida y con un desarrollo y desenlaces equivalentes.
No pretendo desvelar nada en particular de ninguna de las dos novelas pero si animaros a aquellos que las hayáis leído, o al menos alguna de las dos, que comentéis en este post si estáis de acuerdo conmigo o en cambio creéis que ambos libros han conseguido introducir algún elemento sorprendente respecto a sus predecesoras. Por cierto, para los que no hayáis tenido la oportunidad de enfrascaros en estas lecturas deciros simplemente que "El Juego del Ángel" vuelve a presentarnos el mismo escenario literario de "La Sombra del Viento" y que "Un Mundo sin Fin" continúa la historia de "Los Pilares de la Tierra" varias generaciones después.
Es obvio que cuando una novela se convierte en un best seller y los lectores demandan al autor que retome la historia, éste entienda necesario y a la vez responsable recuperar los registros y el tipo de historia que se demandan, sobre todo desde el punto de vista de no defraudar a los fans. Creo que en ambos casos se ha conseguido, pero debo reconocer que me ha quedado un pequeño poso de decepción al no haber conseguido ninguna de las dos novelas haber despertado en mí nuevas sensaciones como sí lo lograron sus predecesoras. Tal vez estoy pidiendo imposibles, pero en cambio en el cine o la música por poner algún ejemplo de otras artes, aunque también existan tópicos, algunas segundas partes han mejorado en mucho a las primeras.
El día 24 de diciembre me hice un regalo. Me acerqué por una tienda de comics y literatura fantástica y me compré un libro que estaba esperando hace dos años. Se trata de la cuarta parte de una saga de libros que se desarrollan en un mundo paralelo en época medieval no exento de fantasía y magia. Dicho así parece un libro más al uso dentro de la literatura fantástica, pero no más lejos de la realidad.
La saga se denomina "Canción de Hielo y Fuego" y se han publicado ya cuatro partes en España de un total de siete: Juego de Tronos, Choque de Reyes, Tormenta de Espadas y Festín de Cuervos. Cunado me refiero a que a primera vista puede parecer una novela típica la realidad sorprende por si misma en cuanto comienzas a leer los primeros capítulos.
Los personajes no son los paradigmas del bien y del mal sino que todos ellos tienen defectos y virtudes aún siendo unos más oscuros que otros. En mi caso, entre mis personajes favoritos se encuentran muchos que en un sentido global se encuadran dentro del "eje del mal" en la novela. Cada capítulo se escribe desde el punto de vista de uno de los personajes. Sin lugar a dudas para mi es la novela río que he leído.
Otro de los aspectos importantes es la fragilidad de cada uno de los personajes con todo lo que ello conlleva. Personajes principales e incluso protagonistas caen con la misma facilidad que cualquier otro. Existen giros inesperados además de una trama bélica y palaciega compleja a la vez que apasionante.
Conspiraciones, aventuras, desafíos ante lo desconocido, conquistas, todo esto configura un marco de actuación para unos personajes demasiado humanos y realistas. Canción de Hielo y Fuego se ha convertido para los amantes de este tipo de literatura en su referente actual, con un éxito de críticas y público sin precedentes.
El señor de los anillos, La rueda del tiempo, Gerald de Rivia ... todas tienen su encanto, sobre todo la primera de estas que me encantó cuando la leí de adolescente y que ha servido de referente a las demás.
Canción de Hielo y Fuego solo tiene una pega. Que el autor todavía tiene que escribir la sexta y séptima parte. En EEUU pronto disfrutarán de "Danza de Dragones" la quinta entrega que a nuestro país tardará en llegar otro par de años. A aquellos que os guste la literatura fantástica animaros a introduciros con el primero de estos títulos: Juego de Tronos.
"Cuando empieza el juego de tronos, solo te queda ganar o morir"
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