El director argentino Pablo Trapero (2d) con parte del reparto de "Leonera"
El director argentino Pablo Trapero exhibió ayer en la competición oficial del Festival de Cannes Leonera, una sólida y dura película sobre el drama de una joven encarcelada y la relación que desarrolla con su hijo, que cuenta con un magnífico trabajo de la actriz Martina Gusman.
Gusman realiza una interpretación llena de matices en su papel de Julia, una joven acusada del asesinato de su novio. Aunque las circunstancias de ese suceso no están del todo claras, le lleva a la cárcel, donde nacerá su hijo Tomás.
Su paso por el presidio supone toda una transformación para ella y de ahí la elección del título de la película, Leonera, que significa lugar de tránsito, término usado en especial en Argentina para las zonas de las prisiones por las que los reos pasan para ser trasladados, según explicó en rueda de prensa Pablo Trapero.
La película muestra una «transición durante cinco años», los que Julia pasa en la cárcel mientras trata de aclarar las circunstancias del asesinato de su novio, en el que también está implicado otro amigo, Ramiro, papel breve pero importante en la historia, interpretado por el brasileño Rodrigo Santoro.
«Ramiro tiene muy pocas escenas en la película, pero a mí me pareció un personaje muy interesante que carga con un dolor muy grande. Tener que elegir entre su vida o la de la mujer que ama. Y como hay pocas escenas para mí era un desafío muy grande mostrar esta relación entre Julia, Tomás y Ramiro en pocos momentos en la pantalla», comentó el actor.
La película fue rodada en centros penitenciarios reales, entre ellos el de Olmos, una prisión, según dijo Trapero, «desgraciadamente muy emblemática», ya que en ella existió una cárcel ilegal conocida como La Cacha, que funcionó durante la última dictadura militar como una maternidad clandestina.
Y aunque el objetivo de la cinta no es denunciar el hacinamiento o las condiciones insalubres -que muestra muy claramente el filme- de las cárceles argentinas o de cualquier otro lugar, sí «propone un punto de partida, de debate, de análisis», indicó el director. Porque la historia se desarrolla en el pabellón de mujeres madres de una cárcel en el que las condiciones en las que viven las internas y sus hijos está en el límite de los soportable.
Sin embargo, lo que realmente quiso contar Trapero es una «historia de amor», de la relación que se desarrolla entre Julia y su hijo Tomás, en un contexto que también es «parte de la narración».
El director deseaba mostrar que «el objetivo y la necesidad de Julia es ser feliz» y, para ello, se inspiró en las heroínas de películas de Rossellini o de Ford, que «atraviesan toda una historia hasta el final».
La actriz principal, Martina Gusman, para la que es su segunda película, ya que toda su carrera se ha centrado en el teatro, explicó que su personaje es «transformador, muy intenso, muy solitario, que descubre a través de la maternidad otras facetas en ella que la transforman en una leona», otro de los significados del título.
«Para mí era muy importante mostrar esa transición, porque la película cuenta cuatro años en la historia de ella. Cambia mucho tanto física como emocionalmente», detalló la actriz, que recibió el mayor aplauso de los asistentes a la rueda de prensa.
En cuanto a la razón de contar esta historia, Trapero indicó que desde que Martina y él tuvieron a su hijo tenía ganas de hablar sobre distintas formas de familia y sobre «ese vínculo exclusivo» que se crea entre una madre y su hijo.
Ésta es la segunda ocasión en la que Trapero acude a Cannes, tras presentar en 2002 en la sección Una cierta mirada su filme El bonaerense, aunque es más conocido internacionalmente por Mundo grúa, que le valió en 1999 una gran cantidad de premios en festivales como Venecia, Toronto y otros.