La bomba destrozó la casa cuartel de Legutiano.
El sinsentido de ETA tiñó ayer España de sangre. Una vez más, por quinta ocasión desde el final de la tregua trampa, la banda demostró, de manera si cabe más inequívoca que nunca, que su única razón de ser es el terror ciego y que su único destino admisible es el exterminio por la vía de la persecución policial y jurídica. La última hazaña de los asesinos consistió en quitarle la vida a un guardia civil y dejar heridos a otros cuatro con la explosión de una furgoneta bomba colocada a pocos metros de la casa cuartel de la Benemérita en la localidad alavesa de Legutiano, muy cerca de Vitoria.
Como explicó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en esta ocasión ETA buscaba «una verdadera masacre», puesto que no avisó de la colocación del artefacto, que además era de una enorme potencia, pues estaba compuesto por una cantidad de explosivos que, a la espera de lo que determinen los artificieros, podría alcanzar los 300 kilos.
El agente fallecido, Juan Manuel Piñuel Villalón, de 41 años y natural de Melilla, se encontraba de guarda en la garita en el momento en que se produjo la deflagración y, aunque se percató de las intenciones de los terroristas, el ataque fue tan rápido y cruel que no pudo hacer nada para evitarlo.
Los asesinos estacionaron sobre las tres de la mañana a escasos 10 metros del cuartel la Critroën Berlingo, una circunstancia que a Piñuel le pareció sospechosa y que intentó poner en conocimiento de sus superiores.
No le dio tiempo, puesto que la explosión se produjo mientras llamaba por teléfono a la central operativa para alertar del vehículo de los etarras.
un segundo vehículo. Según relató el responsable de las Fuerzas de Seguridad, el terrorista que conducía la furgoneta se subió a un segundo vehículo, un Peugeot 206, en el que huyó junto con otro asesino. Este utilitario fue hallado pocas horas después, abandonado, en la zona del Alto de Urkiola y se constató que la banda lo había robado en abril en la localidad vizcaína de Berango.
Los terroristas le habían instalado un dispositivo incendiario que buscaba calcinarlo para borrar huellas, pero «que no funcionó», de modo que podría ser un fértil terreno para las investigaciones policiales, según detalló Rubalcaba.
Además del asesinato, el ataque provocó heridas a otros cuatro guardias civiles, dos hombres y dos mujeres. Las lesiones de tres de ellos son de pronóstico leve y las del último presentan mayor gravedad, pero sin que su vida corra peligro.
Al margen de los daños personales, la deflagración destruyó el cuartel casi por completo, puesto que, según explicaron los propios agentes que residían en él, «toda la parte central del edificio ha caído de pleno».
El enorme cráter que se puede apreciar en el interior del recinto, similar al que hubiera dejado una bomba colocada dentro del propio cuartel, así como los tremendos destrozos ocasionados en las viviendas cercanas -se han llegado a encontrar restos de metralla a más de 200 metros- evidencian que el objetivo de la organización criminal era causar el mayor número posible de muertes.
De hecho, estuvo muy cerca, puesto que en el acuartelamiento se encontraban durmiendo 29 personas, entre ellos varios niños, tal y como reveló el socialista que, debido a tal circunstancia, definió el atentado como «especialmente doloroso y malvado».
el túnel del tiempo. «ETA ha dado un paso más, si le quedaba alguno por dar, para distanciarse de cualquier persona de buena voluntad con este horroroso y malvado atentado», afirmó el titular de Interior.
En realidad, la banda no ha dado un salto hacia delante, sino que más bien vuelve atrás en el tiempo, hacia sus más épocas más oscuras, puesto que, según puso de manifiesto el consejero del Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, los asesinos «han recuperado el estilo de los años 80, cuando Josu Ternera mandaba en el aparato militar y cuando se produjeron los sangrientos ataques a la casa cuartel de Vic y de Zaragoza, que provocaron decenas de muertos».
Aunque parezca increíble, Piñuel hace el número 208 entre los guardias civiles asesinados por ETA.
Perfil: Juan Manuel Piñuel Villalón, casado y con un hijo, fue asesinado durante su primer servicio en su nuevo destino alavés. Tan solo llevaba dos meses trabajando en Legutiano, adonde se había desplazado desde su domicilio malagueño para poder conseguir, tras los 36 meses reglamentarios de servicio en el País Vasco, la preferencia para elegir destino. Había nacido en 1967 en Melilla, e ingresó en la Guardia Civil el 2 de noviembre de 1997. Durante seis años ejerció su trabajo en el pueblo valenciano de Llombai, hasta que el pasado 11 de marzo fue trasladado. Sus restos mortales fueron velados ayer en una capilla ardiente en la Subdelegación del Gobierno en Álava, por la que desfilaron numerosas personalidades y dirigentes políticos, entre ellos el presidente Zapatero y el líder del PP, Mariano Rajoy.