La jefa del PP vasco, María San Gil, explicó sus discrepancias con Rajoy.
Siempre que el encuentro, triste y obligado, entre el líder del PP, Mariano Rajoy y la jefa de los conservadores en el País Vasco, María San Gil, que coincidieron en Vitoria a raíz del atentado de ETA contra el cuartel de la Guardia Civil de Legutiano, no sirviera para atemperar los ánimos, lo cierto es que la brecha abierta por la disidente norteña está muy lejos de cerrarse. De hecho, San Gil, que se negó a rubricar el texto de la Ponencia Política que los populares llevarán a su congreso de junio, dejó ayer meridianamente claro que sus problemas no son tanto ideológicos, que también, como personales, ya que su otrora magnífica relación con Rajoy se ha deteriorado hasta extremos inadmisibles.
Sus palabras exactas fueron que «hay una clara quiebra de la confianza con la dirección nacional», algo que, según anunció, podría llevarle incluso a retirarse de la política si es que no logra recuperar la sintonía con Génova.
En su primera comparecencia tras el portazo, la vasca reveló que durante los trabajos para elaborar la polémica ponencia se sintió «poco respaldada y engañada», no personalmente por Mariano Rajoy, «pero -aclaró- sí por algún colaborador cercano suyo».
En una clara alusión al presidente del PP en Canarias, José Manuel Soria, y a la senadora por Gerona Alicia Sánchez Camacho, que, junto con ella misma, eran los encargados de redactar el ideario popular, comentó haberse sentido «engañada», porque «no había una clara voluntad de plasmar de una forma firme y clara lo que el PP es y defiende», más concretamente una oposición radical a los nacionalismos.
«Ante la imposibilidad de llegar a acuerdos y la existencia de dos ponencias claramente antagónicas», continuó San Gil, elevó sus quejas a Rajoy, que designó como interlocutor al secretario ejecutivo del partido José María Lasalle.
En ese momento comenzó lo que la descontenta definió como «una lucha de titanes», ya que el hombre llamado a limar asperezas «discutía y rebatía el análisis político del momento en que vivimos, así como la necesidad de plasmar de una forma clara cómo tiene que ser la propuesta de proyecto de esa gran España de ciudadanos libres e iguales que tenemos que ofrecer».
Ese combate prosiguió el pasado domingo con la intención de «modificar o suprimir» algunos de los artículos, a su juicio imprescindibles y que ella misma había redactado en referencia a la actitud tibia del PNV frente a ETA, el referéndum de Ibarretxe o el Estatut. Puntos que finalmente sí se incluyeron en el texto «a regañadientes y de mala gana».
No obstante, la gota que «colmó el vaso» de la paciencia de la jefa de los populares vascos, según confesó ella misma, fueron las afirmaciones de otro ponente «que volvía a hablar una vez más de que cada Comunidad Autónoma hará lo que quiera respecto a los nacionalismos y situaban como eje central de la ponencia los pactos de Estado con el PSOE».
«Yo estoy para negociar cosas, pero no la esencia de mi partido, y si la persona que Rajoy pone como interlocutor me discute incluso el concepto de nación, me preocupo, y si se sugiere un cambio de estrategia respecto a los nacionalismos tanto en el País Vasco como en Cataluña, lo único que hago es ponerlo encima de la mesa», proclamó.
«Y todo eso es suficientemente serio para que yo diera un paso atrás», afirmó San Gil que, para actuar «con honestidad y coherencia», anunció que ya ha transmitido al gallego su intención de adelantar a julio el congreso del PP vasco. En tal sentido, desveló que, si hasta entonces «se recupera la confianza», se presentará a la reelección, pero, si siente que «dicha quiebra sigue existiendo», dejará la vida pública.
Todas esas consideraciones suscitaron, en general, un escrupuloso respeto por parte de sus compañeros de partido. Algunos inclusos se mostraron convencidos de que la sangre no llegará finalmente al río y las desavenencias quedarán resueltas. Fue el caso del presidente del PP catalán, Daniel Sirera, y de su homólogo en Andalucía, Javier Arenas.
Los críticos. Pese al enorme cariño que la inmensa mayoría de sus compañeros del PP sienten hacia la jefa del partido en el País Vasco, su decisión de alejarse de la línea oficial no solo recogió comprensión y parabienes.
Así, otro de los redactores de la polémica Ponencia Política, el canario José Manuel Soria, insistió en que no entiende en absoluto la retirada, y aprovechó para insistir en que «casi el cien por cien» de lo propuesto por San Gil está incluido en el texto definitivo.
La tercera madrina del documento, la senadora por Gerona Alicia Sánchez Camacho, fue incluso más allá, al llevar la cuestión hacia la pugna por el liderazgo de la formación de Génova, al advertir de que «si alguien en el PP quiere liderar una alternativa a Mariano Rajoy, que lo haga; si no, que esté con el líder».