Productos básicos que más han subido en los últimos 12 meses.
Los precios subieron siete décimas en abril en Burgos, lo que sitúa la inflación interanual en la provincia en el 4,4%, dos décimas por encima de la media nacional, que subió 1,1 puntos el pasado mes. Son datos malos en todos los ámbitos, aunque ayer el mensaje generalizado fue algo más optimista: podrían haber sido peores y pueden ir a mejor, si el petróleo lo permite... Mayo será un mes decisivo.
Detrás de estos porcentajes, facilitados ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE), hay otros mucho más abultados en la provincia. En los últimos doce meses los alimentos han subido en general un 7,1% y la energía (electricidad, gas y otros combustibles), un 8,1%, datos que duplican y explican el crecimiento del interanual local.
[Para colmo, La Comisión Nacional de la Energía (CNE) propuso ayer al Ministerio de Industria que aplique una subida del 11,3% en las tarifas de la luz, a partir del 1 de julio].
Desde abril de 2007, el bolsillo de los burgaleses ha tenido que soportar subidas históricas de dos dígitos: la leche, un 21,1% (5 veces el IPC interanual); los huevos, un 16,5% (4 veces); el pan, un 12,2% (3 veces); las frutas frescas, un 11,8%; la calefacción, alumbrado y distribución de agua, un 11,1%; los productos lácteos, un 11,4%; los preparados de legumbres y hortalizas, un 10%; y los cereales y derivados, un 9,1%. La única bajada importante en el periodo analizado ha sido la de las patatas y sus derivados, un 18,4%.
Poder adquisitivo
Detrás de estos porcentajes hay una pérdida de poder adquisitivo que los expertos cifran en torno a los 150 euros al mes, dinero que -hay que insistir- no impide que estos productos básicos se sigan consumiendo con normalidad. Otra cosa son las grandes compras, como la vivienda, el automóvil o gastos en ocio y viajes, que sufren caídas de en torno al 20%, dependiendo sectores.
No obstante, desde la patronal FAE -en menor medida desde los sindicatos- insisten en que la cláusula de revisión salarial, que pretende compensar los desajustes entre el alza de los precios y los salarios, es mayoritaria en el conjunto de los trabajadores burgaleses, es decir, entre el grueso de la masa de consumidores.
Asimismo, desde el sector empresarial se recuerda que, pese a la importante pérdida de empleo en los últimos 12 meses (la EPA lo cifraba en 5.500 personas, con una subida por encima del 50%), la economía burgalesa ha registrado un fuerte crecimiento y dinamismo en los últimos ejercicios (el número de ocupados se ha elevado un 8% en el último año), lo que le otorga un importante colchón para afrontar la actual crisis.
En los mercados de abastos y el comercio de calle se acusa la crisis y el ajuste en las compras (se baraja una caída de las ventas del 20%), aunque por encima de los porcentajes se insiste en lanzar un mensaje de calma. «La gente no deja repentinamente de comprar alimentos básicos por el hecho de que suban, antes decide ajustar los pagos de su hipoteca o dejar para un mejor momento la compra del coche», explica el pescadero Carlos Tomé, que recuerda que el caso del pescado los precios suben o bajan dependiendo de su calidad, las condiciones del mar y la temporada.
En los mercados de abastos de la ciudad hay una sensación parecida, según los industriales consultados: no han perdido clientela, aunque ésta compra con menos alegría que hace unos años. «La especulación -dicen- también nos llega al mostrador, es un grave problema mundial».