Regino Sánchez Gonzalo.
Los sectores del metal, construcción y afines, MCA para los ugetistas, reúnen a más de 140.000 trabajadores en el conjunto de Castilla y León, 90.000 de ellos en el castigado ámbito del ladrillo y otros 50.000 en la siderometalurgia, con la industria de la automoción como buque insignia. Esta es la masa de trabajadores que representa MCA-UGT, una de las federaciones clave en la economía regional, con 14.600 afiliados a sus espaldas y 15.000 como reto antes del próximo congreso, dentro año y medio. Su secretario general, Regino Sánchez Gonzalo, un veterano de la lucha obrera desde hace 22 años, protagonista de negociaciones clave para el futuro económico de la región, es consciente de que este año la crisis ataca a todos sus sectores y eso le preocupa.
¿Recuerda un momento tan complejo?
No. Hemos pasado momentos delicados pero, que yo recuerde, nada de la magnitud y profundidad que tiene la crisis actual.
Los sindicatos ya avisaban desde hace años que podían llegar momentos difíciles.
Se veía venir, sobre todo por la cantidad de viviendas que se estaban construyendo y con los precios que estaban alcanzando. Se primaba la vivienda libre en vez de la protegida y eso tenía poco recorrido. No obstante, todos hemos tenido alguna culpa. Los ayuntamientos han querido hacer de la vivienda su principal fuente de financiación, poniendo a disposición de las constructoras todo el suelo libre de que disponían, lo que ha sido un grave error. Además, los bancos han prestado dinero casi sin pedir aval alguno y entre los consumidores se ha implantado un capitalismo popular donde mucha gente ha intentado especular con la segunda vivienda.
El trabajador también tendrá alguna culpa...
Creo que no. Bien es cierto que el ciudadano de a pie que ha entrado en la especulación tiene una parte de culpa porque ha colaborado en inflar aún más la burbuja inmobiliaria, pero creo que la mayoría de los trabajadores necesita una vivienda para vivir, no para especular.
El paro en la construcción ha crecido un 86% en Burgos en el último año, cifra pareja al conjunto de la región. ¿Ven ustedes límite a esta sangría?
Es difícil. En estos momentos no vemos el final del camino, aunque confiamos que el sector llegue en un año o algo más a estabilizarse y a construir el número de viviendas que realmente se necesitan. Para eso, lo primero que hay que hacer es vender el excedente que hay ahora en el mercado y para ello, según dictan todas las teorías económicas, tienen que bajar los precios. Cuando se dé salida a ese excedente, el sector se recuperará y empezará a crecer a unos ritmos muy alejados de los de los últimos años. No podemos construir las mismas viviendas que construyen Alemania, Francia e Italia a la vez y tampoco podemos dejar de potenciar la vivienda de protección oficial.
¿Tienen ustedes estimaciones de constructoras en dificultades?
En Castilla y León hay actualmente cerca de 40 empresas afectadas por expedientes de regulación de empleo (ERE) o por concurso de acreedores (suspensión de pagos). Hay 3.963 trabajadores afectados por estos procesos, 1.593 de los cuales se han quedado en la calle. En España se han visto afectados 27.000 trabajadores, el 6% de Castilla y León.
¿Hay una destrucción de empleo oculta a las estadísticas?
Nosotros pedimos que este proceso de salida del sector se realice de una forma ordenada. Estos datos que menciono responden a las empresas que tenemos controladas, pero hay infinidad de firmas pequeñas que no pasan por nuestra asesoría. En estos casos los empresarios dan la espantada por respuesta y los trabajadores afectados colapsan las asesorías laborales reclamando de forma individual. Las constructoras grandes apenas tienen plantilla para la actividad que desarrollan, todo lo que realizan es subcontratado. Si ellas caen, como está ocurriendo, arrastran a todos los pequeños.
Llama la atención la aparente tranquilidad que muestran los sindicatos ante esta situación.
En estos momentos no es bueno transmitir una sensación de desesperación. Ahora mismo lo que hace falta es fomentar el consumo y detener esa cadena sin fin alentada por la desconfianza. Actuar imprudentemente es muy peligroso ahora. Nosotros lo que pedimos es que las entidades financieras abran la mano a los créditos que antes se daban tan alegremente. Hemos pasado del ‘no hay problema’ a un cerrojazo total del crédito, algo que unido a la crisis de demanda a todos los niveles nos lleva a una caída brutal del consumo. Espero que las medidas del Gobierno vayan por la línea de desatascar esta situación y que Europa baje realmente los tipos de interés para aliviar el pago de las hipotecas. Las familias están más presionadas cada mes y es lógico que no consuman.
Las industrias vinculadas a la construcción (Gala o Férroli) y al automóvil (Bridgestone, Grupo Antolín...) están optando por la suspensión temporal de empleo. ¿Hay previsión de que estos expedientes se generalicen?
Me temo que sí y no me atrevo a aventurar cuándo va a acabar esto... Si hay un parón de la actividad principal, las empresas que trabajan para la construcción o para los fabricantes de coches, seguirán afectadas. Ante esta situación pocas recetas valen... Creo que todas las empresas, especialmente en el sector de la automoción, tienen las suficientes medidas de flexibilidad para hacer frente a esta situación sin tocar el empleo.
¿Y si éstas no dan más de sí?
Pues habrá que intentar expedientes temporales de empleo, pero con la protección debida a los trabajadores que se van a quedar en el desempleo. Para estas circunstancias tenemos algo fundamental que es el diálogo social que, pese a que cada uno defendemos nuestra trinchera, está dando resultados.
¿Hay abusos en los ERE?
De momento, no. Pero temo que algún empresario aproveche la situación para reducir los derechos laborales de sus trabajadores y desprenderse de parte de su plantilla. Esto es algo que no vamos a permitir. Si hay que aceptar un ERE porque la situación del mercado es la que es, lo haremos, pero no consentiremos que el empresario pretenda deshacerse de parte de la plantilla sin realmente necesitarlo.
¿Está lo suficientemente estructurada la negociación colectiva para soportar las presiones de esta crisis?
Cuantas más medidas negativas se tomen para regular el empleo, más se va a retraer el consumo. No tiene sentido que en estos momentos la gran patronal, con los problemas internos que tiene, salga diciendo que hay que abaratar el despido y rebajar los derechos laborales. La rebaja de los costes laborales no va a solucionar nada, porque los países más competitivos tienen unos costes muy por encima a los nuestros y están buscando la productividad de sus empresas por otros caminos. Además, en el protocolo firmado entre el Gobierno, la patronal y los sindicatos no se habla para nada del abaratamiento del despido.
¿Han dado instrucciones a los comités de empresa para que estén más cerca de la dirección en estos momentos?
Creo que es algo vital, aunque para ello tenemos que jugar todos con las mismas cartas. El diálogo social en las empresas es vital de necesidad para conocer la situación real de las mismas y aunar voluntades para dar respuesta y salir del actual momento.
¿Y con la patronal Cecale y el Gobierno regional?
Con la patronal esperamos retomar el diálogo tras la reelección de Jesús Terciado. Con el Gobierno regional hay abiertas muchas mesas de diálogo social donde se están llegando a acuerdos, pero es fundamental que la patronal se implique. La patronal no puede estar desfasada, por ejemplo, cerrándose a la extensión de los convenios. No puede ser que en Castilla y León tengamos tal cantidad de trabajadores sin convenio porque los empresarios se oponen a ello. Tiene que representar a todo el mundo... Necesitamos un diálogo social más fluido y que todo el mundo arrime el hombro.
¿Cómo están las cosas en el sector de la automoción regional?
Se está viendo afectado por la crisis mundial, pero esa crisis que se viene anunciando por los voceros de turno no es cierta. Es verdad que se han matriculado menos coches, pero también se han fabricado más en los últimos seis meses. La reducción del consumo ha rebajado las perspectivas: no hay duda de que se vende menos. El problema del Modus en Renault es un problema de modelo, no de la automoción. Hoy, al igual que en la construcción, estamos ante una crisis de demanda y de falta de financiación. Ahora mismo, el que se quiere comprar un coche, y ante los problemas de crédito, decide esperar.
¿La industria de componentes, tan importante en Burgos, puede verse arrastrada por esta situación?
Desgraciadamente. Pero me gustaría señalar que sólo en Castilla y León, Iveco y Nissan han alcanzado acuerdos para aplicar expedientes de regulación importantes porque fabrican vehículos industriales, más afectados que los turismos por esta crisis. Pero, mientras en Iveco y Nissan hay problemas, en la planta de Renault en Palencia se están creando más de un millar de puestos de trabajo.
El presidente de Renault España se ha mostrado preocupado por el futuro de la planta de montaje de Valladolid...
La situación de esta industria nos ha pillado a todos, a todos repito, con el paso cambiado. Esperábamos que asumiera uno de los nuevos modelos de la marca, aunque en ningún momento este modelo estaba adjudicado. No sé por qué mucha gente ha optado por la desesperada y se ha atribuido un proyecto sobre el que no había absolutamente nada decidido.
Sarkozy ha pedido que los nuevos modelos se fabriquen en Francia y no en España.
Sí. No quiere ver a 4.000 personas en la calle mientras Renault da trabajo a plantas extranjeras. Creo que en este sálvese quien pueda, la decisión de no fabricar un nuevo modelo en Valladolid es una decisión política de París que debe ser contrarrestada con otra decisión política de Madrid para determinar qué modelo se va a fabricar finalmente después del Modus.
¿Han pedido expresamente el apoyo de Rodríguez Zapatero?
Sí. Hemos hablado con Presidencia y el Ministerio de Industria para que intervenga directamente. Recuerdo que hay un compromiso tanto de él como del presidente de la Junta y del presidente de Renault para apoyar a Valladolid. Es más, en el último convenio firmado se contempla Valladolid como prioritaria a la hora de la adjudicación de un nuevo modelo. En este empeño tenemos que ir de la mano todo el mundo y el primero el Gobierno central y después el regional y los sindicatos. Aquí no vale sacar rentabilidad política de todo esto. Estamos hablando de muchos puestos de trabajo... Las autoridades tienen que tomar cartas en el asunto, tanto impulsando la automoción como apretando a los bancos para que faciliten los créditos.
También las empresas deben apostar por la competitividad por sí mismas...
Efectivamente. Hacen falta más infraestructuras, más I+D y más formación... No podemos ser competitivos por nuestros bajos costes porque cualquier país te supera en este ámbito.
¿La automoción tiene realmente futuro aquí?
Sí. Es una industria que tiene que flexibilizar aún más sus procesos de producción. No podemos fabricar el mismo modelo durante 15 años, sino cambiar y adelantarnos al ciclo de vida de un modelo desarrollando otro nuevo. Creo que la productividad de nuestras plantas es buena -la de Valladolid es la más competitiva del grupo- y una vez que pase este bache profundo se podrán recuperar. Debemos aprovechar esta situación -también nosotros los sindicatos- para hacer nuestras fábricas más competitivas. Que las que sobrevivan -y espero que sean todas- salgan más rentables.
También hay que trabajar otras alternativas productivas...
Castilla y León no puede generar un monocultivo en torno a la automoción. Hay dos sectores, dentro de nuestro ámbito del metal, con futuro: la aeronáutica y las energías renovables. La primera puede complementar, que no sustituir, a la automoción y las segundas están demostrando que son generadoras de muchos miles de puestos de trabajo. En El Bierzo y aquí en Burgos estamos viendo la implantación de fábricas con plantillas de más de mil trabajadores, por no hablar de los puestos de trabajo inducidos. Yo creo en estos sectores.