J. Ángel Gozalo
Cuando la Junta asumió las competencias en materia sanitaria nos las prometíamos felices, desde la flamante consejería del ramo se nos aseguró que la descentralización solo traería bondades, más calidad asistencial, reducción de tiempos y listas de espera, más cercanía en el trato... Y se cumplió, pero solo en parte. El talón de Aquiles -lo era con el Insalud y lo es con Sacyl, sigue estando en las plantillas, quiero decir el personal, que es a todas luces insuficiente para responder a las necesidades propias y ajenas.
Desde hace tiempo estamos viendo que la falta de médicos especialistas es más que acuciante; es el caso de Aranda o Miranda, donde además el cabreo es mayúsculo. Las asociaciones de vecinos arandinas, hartas de esperar soluciones que no llegan, están en pie de guerra y radicalizarán sus movilizaciones para conseguir que los responsables sanitarios tomen en serio sus demandas y adopten medidas para que la comarca ribereña cuente con los especialistas necesarios y una sanidad de calidad, justamente lo mismo que se exige desde Miranda.
El consejero Álvarez Guisasola y su equipo no pueden perder más tiempo con paños calientes y deben poner en marcha un plan de choque para conseguir ampliar las plantillas y, además, fidelizar a los médicos; vamos, conseguir que no emigren. Y eso, además de la formación, solo se consigue con una cosa, mejores sueldos. Otras comunidades lo han entendido hace tiempo así y acuden a los mercados de fichajes de verano, otoño, invierno y primavera con la chequera abierta y se llevan para sus hospitales a lo más granado, no solo entre los facultativos sino también en el sector de enfermería.
Las peonadas pueden engordar el bolsillo del personal y reducir las listas de espera, pero es una medida coja. Hay que ponerse las pilas y diseñar un modelo sanitario que pite. Vamos, además de hospitales nuevos, debemos contar con médicos y enfermeras suficientes.