Hoy Julián Campo, en fecha tan madrileña y taurina en la capital del Reino, hubiera cumplido 52 años. Estaría probablemente en cualquier albergue del Camino de Santiago o quizá en alguna Casa de las monjas de la madre Teresa de Calcuta lavando la ropa, dando de comer a los más pobres de los pobres o silbando entre los voluntarios. Julián nos dejó hace casi dos años en un trágico accidente ferroviario. Todavía a pesar del tiempo hay gente empeñada en mantener su memoria, como aquellos que han dado el nombre de una calle a él y a su inseparable Santino en los últimos meses de vida, o han creado una peña -Bien y tú-, o levantado un pequeño monolito. Los hombres buenos y su memoria son los que elevan la memoria histórica de un pueblo. El que suscribe todavía espera algún proyecto incoado y todavía no realizado a nivel regional.