No sé dónde podremos encontrar palabras nuevas para describir el dolor, la rabia, la angustia que ETA nos vuelve a provocar. Han sido tantas las ocasiones que la sociedad entera ha expresado su dolor,su nausea, ante los asesinatos de ETA, que cuesta saber cómo, y una vez más, buscar las palabras justas que expresen estos sentimientos ante el asesinato del guardia civil, Juan Manuel Piñoel.
Este guardia civil, que había dejado su casa en Málaga, y llevaba dos meses en el cuartel de Legutiano en Vitoria, soñaba con regresar a su tierra, a su casa. Estaba casado, con un hijo pequeño, al que difícilmente se le podrá explicar porqué unos asesinos repugnantes han matado a su padre.
ETA es un anacronismo, pero aún así tiene capacidad para sembrar de sangre y de horror nuestro país, y otra vez lo ha demostrado.
Hay quienes buscan la causa de éste atentado, que si es una manera de avisar al Gobierno de que o negocia y pasa por el aro o de lo contrario pueden seguir matando. Otros creen que es una manera de demostrar que pueden ser sanguinariamente operativos cúando quieran y cómo quieran. Pero tanto da éstas u otras opiniones, porque la realidad es la que es, la que viene siendo desde hace más de treinta años, y es que ETA se ha convertido en una máquina, en un negocio, y poco les importa a los etarras saber que matar no les va a conducir a ninguna parte, excepto, esperemos, a la cárcel.
Un grupo terrorista no puede poner de rodillas a todo un país, por más que siegue vidas inocentes. Eso sí, sería deseable que los políticos, todos, estuvieran a la altura de las circustancias. Hace falta revitalizar o en todo caso volver a definir unas líneas maestras como las del Pacto Antiterrorista que no dejen lugar a dudas a los etarras de lo que pueden esperar del Estado de Derecho. Pero eso sí, sin que nadie, nadie, se salte esas reglas, esas líneas, porque de lo contrario los etarras pensarán que el "no" de hoy es solo un "quizás" y un "sí" mañana.
Los dos grandes partidos tienen la obligación urgente de entenderse y hacer un frente común para afrontar el terrorismo, y si el resto de los partidos sin excepción, se unen, pues mejor que mejor. De la misma manera que sería de desear que el lehendakari Ibarretxe guarde de una vez por todas en un cajón ese plan que solo puede llevar al enfrentamiento entre los vascos porque es claramente inconstitucional.
ETA ha vuelto a estremecernos, y solo nos queda esperar que cuanto antes las fuerzas de seguridad lleven ante la Justicia a los asesinos de Juan Manuel Piñuel. Descanse en paz.