La imagen de la nave aledaña derrumbándose habla por sí sola.
Los vecinos de la calle Empedrada número 10 sufren las consecuencias del abandono de un edificio, anexo a su finca y con fachadas a las calles Santa Lucía y Prado Marina, cuyo estado amenaza ruina desde hace una década. Una situación que el tiempo ha ido empeorando poco a poco hasta obligar a los inquilinos de la vivienda a llamar en varias ocasiones a la Policía Local para avisar de caídas inminentes de partes del inmueble, como balconadas, canalones y trozos de pared. En los últimos meses, viven pendientes del tabique que comparte patio interior con su edificio, que se está desprendiendo del resto de la estructura, con grave peligro de que se desplome contra sus casas.
Uno de los propietarios del bloque de la calle Empedrada, Francisco Gayubo, se lamenta del espectáculo ruinoso que tiene que soportar desde la ventana de su habitación, con balcones inexistentes, ventanas desvencijadas, vigas torcidas y mucha suciedad. «Es lamentable tener que soportar esto y saber que nadie va a hacer nada por arreglarlo», critica.
Gayubo ha presentado varias quejas en la Concejalía de Obras y aún no ha obtenido respuesta. «Desde que me dijeron que había que declararlo ruina inminente no hemos vuelto a saber nada y, como el edificio es de varios propietarios, nadie se pone de acuerdo para derribarlo o hacer algo con él», explica. El reciente cierre de las dos puertas de entrada desde la calle, ubicadas en la calle Santa Lucía, le hace sospechar que los dueños del inmueble no tienen ninguna intención de arreglarlo para evitar que se caiga.
Desde que la nave aledaña comenzase a caerse, el deterioro ha ido a más y los ánimos de Francisco y su familia se van alterando según pasan los meses. «Teníamos una viga de la nave atravesada junto a la ventana de nuestra habitación y los cascotes caían continuamente», relata Gayubo con la voz temblorosa por los nervios. «Él ya no sale a la terraza», asegura su mujer, atenazado por el temor a que el edificio se les venga encima. «Estoy seguro que nadie va a hacer nada hasta que no maten a alguien», afirma Francisco.
Él no es el único vecino que ha denunciado la situación del edificio. Desde la calle Prado Marina se han quejado en varias ocasiones por la caída de cascotes de la fachada, desprendidos por el continuo discurrir del agua de lluvia que caía de un canalón roto, abriendo un boquete en la pared de adobe, así como un incendio provocado por un indigente que habitó allí de forma ilegal o las molestias de los grupos de jóvenes que aprovechaban el edifico para hacer botellón a cubierto.