La burgalesa Amaya Arzuaga, la diseñadora castellano-leonesa de más proyección nacional e internacional, fue la encargada ayer de cerrar la IX Pasarela de la Moda de Castilla y León con un desfile futurista y casi galáctico que fue seguido atentamente por el delegado de Gobierno en la región, Miguel Alejo, la subdelegada, Berta Tricio; el director general de Comercio, Carlos Teresa Heredia; el delegado de la Junta, Jaime Mateu; el presidente del Tribunal Superior de Justicia, José Luis Concepción; el presidente de la Cámara de Comercio, Antonio Méndez Pozo, el presidente de la Diputación, Vicente Orden, y el alcalde, Juan Carlos Aparicio.
La lermeña, siempre fiel al negro, le puso esta vez a las prendas toques de beige, blanco, gris perla, ciruela y azul. Los vestidos destacaban por sus volúmenes grandes pero, a la vez, muy etéreos: «Hemos querido conseguir que la silueta parezca voluminosa pero sin dejar de ser femenina», explicaría unos minutos antes de que sus modelos salieran del backstage, cuando posó para los fotógrafos junto a la viceconsejera de Empleo de la Junta, Begoña Hernández, que también estuvo presente en los último momentos de la jornada de cierre.
Hernández se mostró satisfecha del resultado de la Pasarela. «El dato más importante de esta edición es que ha sido la más masiva en presencia de importadores con más de 148 procedentes de diferentes países, lo que se ha traducido en negocio comercial, en ventas y en actividad para las empresas que han participado en el Espacio Comercial», señaló a la Agencia Ical.
Arzuaga trasladó al público a ese futuro que suelen dibujar las novelas y los cómics con vestidos que incorporaban fibra óptica y flecos realizados, según la autora, con tecnología de la NASA, cortados al láser que dieron un brillo muy especial a la pasarela.
La creadora, que rechazó la definición de ‘diseñadora consagrada’, afirmó que lo más importante es tener respeto: «Aquí manda el público y si el público no demanda tus productos, no tienes nada que hacer».