Imagen del suelo de la Catedral de Burgos tomada desde el cimborrrio.
Un informe tan escueto como contundente ha puesto fin a años de declaraciones cruzadas y argumentos contrapuestos sobre la instalación de una calefacción por el sistema de suelo radiante en la Catedral de Burgos. En una simple página, Icomos, el organismo asesor de la Unesco en temas de patrimonio, ha zanjado la cuestión oponiéndose al proyecto por cuatro razones de peso que afectan tanto a los actuales criterios de conservación, como a las afecciones que este sistema tendría para las obras de arte expuestas. El dictamen es vinculante ya que, de no seguir sus directrices, el templo burgalés se expondría a perder su condición de Patrimonio de la humanidad.
El primer inconveniente que aprecia Icomos International es la más que probable destrucción de algunos vestigios arqueológicos presentes en el subsuelo. Este sistema de calefacción necesita excavar al menos 40 centímetros en toda la superficie, lo que afectaría a las actuales sepulturas.
También con respecto al actual pavimento, el informe, redactado en francés, advierte que se trata de un suelo histórico, instalado en 1864 y realizado en mármol de tres colores, que, a juicio de los arquitectos expertos en la materia, no se podría recuperar «lo que contraviene la actual deontología sobre la intervención en el patrimonio».
Sobre la conservación del arte. El tercer punto por el que se desaconseja la operación alude al equilibrio ambiental del templo. Según este organismo asesor, el suelo radiante impide los cambios higrométricos en el edificio, es decir, varía las actuales corrientes de aire, salvo en una pequeña franja en la parte baja de los muros. Esto puede provocar alteraciones en las obras de arte del interior de la Seo, e incluso a la misma piedra en la que está construida.
El último punto al que hacen referencia lo expertos en patrimonio hace referencia al impacto estético que tendría. El proyecto presentado contemplaba el cierre de cada una de las capillas con un telón de vidrio, lo que desnaturaliza el aspecto visual del interior del principal templo burgalés.
La Unesco ha asumido punto por punto los términos de este informe y el director del Centro del Patrimonio Mundial, Francesco Bandarín, lo ha enviado tanto al subdirector general de Protección del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura (quien hizo la consulta el 19 de abril de 2006), como a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León. A partir de este punto solo cabe ya pensar en otros sistemas para evitar el frío en el interior del templo.