El mercadillo es uno de los incondicionales de las fiestas de San Pedro.
Al igual que no hay unos Sampedros sin toros, fuegos artificiales y barracas, tampoco lo hay sin su mercadillo. Miscelánea de razas, culturas y artículos, ya que se puede encontrar la mercancía propia de un bazar, como ropa interior o juguetes, a productos artesanales y de mayor calidad como joyas, cuadros, colonias y jabones.
Desde Logroño acude José Luis que elabora pulseras con cuero, aptas para todas las edades y cuyo precio oscila entre 5 y 24 euros. Considera que «la feria estaba mejor en el río aunque este lugar tampoco es malo». Para él «lo peor es que pega mucho el sol y no hay sombra», dice sofocado.
Nicolás, de Uruguay, tiene su puesto en la nueva zona habilitada para la venta ambulante en la acera del Centro Comercial Camino de la Plata. Denuncia que «en primer lugar sean solo los comerciantes que estén empadronados en la ciudad los que opten a un puesto en la subasta» y afirma que «Burgos es el único sitio en el que sucede esto».
La luz, los toldos, los generadores de energía y en algunos casos el alojamiento, la comida o la gasolina corre a cargo de los propios feriantes, por lo que «a veces no es rentable asistir a estos mercadillos», comenta Luis.
Y es que muchos son los que tienen que costearse una pensión para dormir y asearse, ya que según Nicolás «el Ayuntamiento solo ha habilitado, en la explanada de las traseras de la Policía, tres duchas y urinarios para los más de 100 feriantes». Un año más, los vendedores siguen quejándose del insuficiente número de aseos.
Otra cuestión sobre la que hay diversidad de opiniones es la de la filosofía que han de tener los puestos de venta, ya que varios comerciantes consideran oportuno el diferenciar lo que es un tenderete de mercadillo de uno de feria. Luis, de origen chileno, asegura que «en Burgos esto no sucede», y acusa a algunos feriantes de «hacer competencia desleal, ya que algunos abren y cierran cuando quieren, e incluso se da la reventa de puestos». Por lo que exigen que se regule esta situación ya que «no deja de ser una tienda, solo que ambulante», apostilla Luis. No obstante, en cuanto a las ventas, todos ellos opinan que se vende lo mismo que cuando el mercadillo estaba ubicado en el Paseo de Atapuerca.