José Mª Manzanares y El Juli conversan mientras esperan la salida del cuarto de la tarde.
Llegó, vio y venció. Así se podría resumir el paso de Cayetano Rivera Ordóñez por Burgos. Por supuesto aquí no se esta hablando de muletas poderosas, naturales profundos o verónicas templadas. En ese caso lo más suave que se podría decir es que su comparecencia en El Plantío fue decepcionante por la incapacidad mostrada. Es peligroso caer en la benevolencia exhibida, a la salida de los toros, por Cary Lapique que resumió la mala tarde del matador con esta frase: «Jo, qué pena lo de Caye». Sin embargo, si hablamos de suspiros femeninos, de piropos lanzados al viento o de expectación, entonces, claro, Cayetano fue el gran triunfador del festejo. Resultaba curioso vivir sus faenas sin los olés típicos, sino acompañadas por los gritos de guapo, guapo y guapo, al son de la canción del mismo título. Poco hábil estuvo la Banda que podría haber aprovechado para tocar ese pasodoble o el de «La morena de la copla». Sólo hubiera hecho falta cambiar el sexo de la protagonista de la canción. Llegó a tanto el fanatismo, que el matador tuvo que detener su salida de la plaza para pedir a la gente que se retirase y le permitiera el paso.
Muchas fueron a ver a Cayetano, y se encontraron con que José María Manzanares no le va a la zaga en cuánto a atractivo. Agradable sorpresa. El Juli, también escuchó algún grito elogioso, aunque el público prefirió recordarle un año más lo de las banderillas. ¿Cuántas veces hay que repetir que hace varias temporadas que no interviene en ese tercio?
A pesar de la gran entrada, decepcionó el ambiente en lo que a presencia de rostros conocidos se refiere. Casi nada que reseñar: los habituales miembros del Ayuntamiento; la repetición de Carmen Martínez Bordiú; o la mujer del empresario Fernández Tapias, Nuria González.