Llegados hace unos días desde la provincia de Santa Fe, estos hermanos nunca habían estado en Burgos.
Los hermanos Barisone de la Cal no pudieron contener la emoción al hablar de su madre. Margarita, que así se llamaba ella, dejó su localidad natal de Quintanamanvirgo en Burgos para emigrar a Argentina cuando apenas era una adolescente de 14 años, allá por el 1909. Tras un breve periplo de unos pocos años por varios puntos del país, la burgalesa se asentó definitivamente en la provincia de Santa Fe (Argentina), lugar donde conoció a su esposo de origen italiano, tuvo a sus cuatro hijos y, en definitiva, fue feliz hasta la muerte.
Pero Margarita, que tuvo que salir de su tierra por necesidad económica en tiempos difíciles, siempre mantuvo en su corazón la espina clavada de no haber vuelto jamás al pueblo que la vio nacer, para recorrer sus calles, para respirar su aroma, para contemplar las maravillosas vistas de la zona desde la que todos llaman ‘Cuesta Manvirgo’.
Y por eso tres de sus hijos, el único varón y dos de las chicas, han regresado a Burgos para cumplir con su última voluntad de retornar algún día a la patria y depositar sus cenizas en los campos por los que tantas veces corrió de niña, algo que sucederá finalmente en la jornada de hoy.
La Operación Añoranza congrega cada año muchos testimonios como este, cargados de nostalgia y emotividad. Palabras de unos hijos que vieron cómo sus padres añoraban un lugar para ellos desconocido y lejano que, al igual que sucedió con Margarita, jamás volverían a contemplar.
Esa es la esencia del Día del Burgalés Ausente, conmemorado ayer, como cada año, coincidiendo con la despedida de las fiestas patronales de San Pedro y San Pablo. En el parque de Fuentes Blancas decenas de burgaleses ausentes celebraron la XXII edición de Operación Añoranza, iniciativa que una y otra vez trae a nuestra ciudad a decenas de hijos de emigrantes autóctonos para que conozcan sus orígenes.
En la ceremonia, con presencia de ausentes argentinos. uruguayos y cubanos, hubo discursos de las autoridades, aplausos, bailes de Danzantes y Gigantillos, himno y, ante todo, «mucha gratitud y amor a la patria española», afirmaron los hermanos de la Cal.